Un espacio también para mis amigos.
Hiria, nuestra paisana con residencia en Roma, quiere dejar su sello y compartir con nosotros este cuento, parte de sus escritos.
Aquì està: para ustedes.
Beatriz
Dicen los sicólogos que hay quienes se predisponen a que todo lo malo les pase en cierta época de año, pero el caso de Camille es diferente, él literalmente se sumerge en una mortal tristeza cuando comienza agosto.
No sé porque me refiero a él como Camille, cuando en realidad estoy hablando de mi maestro, aunque de hecho no conozco a ciencia cierta su edad, no parece mucho más grande que yo; lo miro con pesar en esta fría y enorme casa suya. Me pregunto si no tendrá más familia que yo, que no lo soy.
Son las 6:49 de la tarde y a través del vidrio de la terraza puedo ver como el cielo se va tornando gris plomo, anunciando una tormenta. Empiezan a caer las primeras gotas, el melancólico silencio de la estancia es roto por la voz de Camille, que hace una seña indicando que me siente a su lado.
-En estos años que hemos estudiado y entrenado juntos, sé que sigues junto a mí por respeto, pues hace mucho que superaste al maestro...; un día tu serás el dueño de esta casa y te tocará cuidarla como a mí, cuando llegue ese día me gustaría que también te acordaras de mí, ¿quieres un cigarro?
Me niego, más que nada por respeto.
Mi maestro tiene la mirada perdida hacia el horizonte, toma el cigarro entre sus dedos y después de aspirar el tabaco comienza a decir:
-Fue hace mucho tiempo, cuando era estudiante. Debo confesarte que aparte del entrenamiento y la escuela de medicina no había nada más para mi, si, tal vez mi amigo A, pero era eso mi amigo, mi camarada.
Como sabes, siempre me ha gustado escribir y en las noches de ocio di por casualidad con su dirección y en poco tiempo los mensajes comenzaron ha hacerse más personales, hasta que terminamos carteándonos. Al principio la vi como amiga y hasta cierto punto como mi confidente, a ella le podía decir lo que ha nadie, lo que me daba pena confesarle a mis compañeros. Una vez me contó que había terminado con su novio y estaba muy triste, le di ánimos, diciéndole que debía resurgir, buscar el poder interior de su ser y hacer brillar su cosmo.
La mayoría de mi correo se lo enviaba a la Universidad: que a decir suyo era una construcción del siglo XVII, en el centro de la ciudad. Ahí, en el patio principal, que tiene en el centro una fuente, se sentaba a contestar mis cartas, mirando la magnifica construcción de dos plantas coronada por arcos y en el centro una escalera que conducía a los salones en la planta alta.
“Los muros son tan gruesos que nos aíslan del exterior, están hecho de cantera negra y gris, y las puertas son de madera sólida y gruesa de unos treinta centímetros de espesor, en ocasiones a media mañana puedo escuchar el reloj de la catedral con sus alegres tonadas que anuncia la hora.
¿Sabes? muchas veces cuando regreso a casa, camino hacia mi recamara, por el ancho y oscuro corredor, escucho solo el siseo de mi abrigo, cuando llego enciendo yo misma la lámpara, y ver mi sombra desfigurada reflejarse en la pared. Acostada miro el techo son sus enormes vigas de madera, empiezo a pensar y esperar de nuevo mi contacto con el exterior: tus cartas”.
Mi querida Angélica, a quien de cariño llamo Tenshy, una vez escribió: “Camille, como quisiera que estuvieras aquí, entonces, mi querido Camille, nos divertiríamos tanto, pero un océano nos separa. Cuéntame como es Francia”.
La oportunidad llego antes de que lo planeáramos Tenshy ingresó a un programa de ayuda “ángel”, en donde jóvenes de todo el mundo brindaban su ayuda a los más necesitados de su Estado. Casualmente yo debía prestar mi servicio social; así a instancias suyas decidí hacer mi servicio social uniéndome a los médicos sin fronteras, por lo que pude viajar a México.
Para costearme el boleto trabaje como modelo ese verano, y gracias a eso al empezar septiembre pude partir rumbo a América.
Me instale en la casa de mi amiga, por las noches al terminar nuestras labores nos reuníamos y visitábamos los bares del lugar hasta bastante entrada la madrugada, Tenshy dice que en esa época yo era un verdadero playboy, haciendo alusión a mi empleo temporal de verano.
Esos primeros días la pase fenómeno, pero al mes de haber llegado Tenshy acepto irse a un “viaje espiritual” al Tibet con su extravagante novio, quien tu sabes nunca me ha caído bien. Se súper disculpo, mientras yo preparaba mi cambio a la casa de Francia en Guanajuato, pero ella, quizá por remordimiento, pues en gran medida este viaje lo hice a instancia suya, insistió en que siguiera usando su casa por el resto del año.
Acepté, pues hasta entonces había preferido la soledad y era mucho mejor quedarme en su casa con una sirvienta a mi disposición, que mudarme a la casa de Francia, en donde tendría que compartir mi recamara con alguien y por supuesto no tendría servidumbre. Además me gustaba mucho la casa, sobre todo el pequeño departamentito que Tenshy me había asignado: Es increíble, han pasado tantos años y aún recuerdo claramente la vieja casona de Angélica: se entraba por una puertita de madera situada junto a dos negocios, una estética y una tienda de ropa. Al entrar en la casa hay, pues Tenshy asegura que todo sigue igual; hay un pasillo con piso de piedra, el techo es de tejas rojas; muy alto, del que siempre me costó mucho trabajo limpiar las telarañas. Terminando la parte techada llegas a un patio que está sobre una barda de metro y medio de altura; todo ahí es muy angosto; a la izquierda se encuentra la entrada a la cocina muy mexicana; decorada colonialmente: llena de mosaicos, a la que los que saben, llaman talavera.
Había también grandes cazuelas de barro de todos tamaños colgando en la pared; las sillas eran de paja; al salir a la derecha empiezan las escaleras que se dividen en dos y la que van a la izquierda (sobre la cocina) es donde vive Tenshy, y del lado derecho estaba mi pequeño departamento; mis escaleras no tenían barandal; eran de loseta roja con azulejos de flores como adorno.
Para llegar a mi piso debía pasar necesariamente junto al balcón de la casa vecina; por un pasillo oscuro, sin luz, que daba escalofríos y me pareció siempre lúgubre, por lo que procuraba pasar casi corriendo; para evitar “apariciones fantasmales”. Está practica hacia reír a Angélica y a su odioso novio; al finalizar el pasillo había una puerta de madera con un cristal que era la entrada a mi recamara: entrando estaba la mini-cocina, junto un baño completo de azulejos talavera y una pequeña tina de baño, con su minúscula ventana.
Al salir a la izquierda estaba el cuarto grande; que tenía dos camas, un sofá en colores crudos con una franja púrpura, que siempre pensé tenía estilo greco romano; junto tenía una pequeña mesa, que servia de comedor y escritorio. Había también un librero repleto de libros polvorientos apilados hasta en tercera fila, mismos que jamás sacudí, exceptuando una que otra novela en francés; y junto tenia un pequeño restirador, en donde instale mi computadora.
Las paredes Tenshy las decoro especialmente para mi visita, con todo tipo de papeles y tablas multicolores; había posters por todas partes y cuadros impresionistas colgados en forma azarosa; para rematar con balcón enorme que ocupaba casi toda una pared: esta era mi vista favorita; al patio, pues, justamente y debajo de ella trepaba una enredadera. No conocí bien las habitaciones de la señora que me atendía, pues nunca entre ahí.
Siempre he estado impuesto a un ritmo de trabajo extenuante, pienso que adquirí la costumbre ese año; pues recién partió Tenshy, la extrañe muchísimo, pero como para compensarlo, me dedique cien por ciento a la clínica, trabajando en jornadas de diecisiete horas, y ahora que no estaba ella, trabajaba de sol a sol.
Con esa rutina masacrante me levantaba cada mañana en forma mas automatizada que nada.
Una mañana de noviembre me pare, como siempre, antes de que amaneciera, y corrí hacia la clínica, pues iba retrasado. Cuando llegue al pequeño dispensario, estaba cerrado, pues era domingo. Para colmo, con las prisas deje las llaves olvidadas en la casa y debía esperar hasta bien tarde, pues ese era el día de descanso de la empleada.
Muy mortificado regrese a la casa y me senté refunfuñando en el jardín de la casa vecina, que veía siempre desde mi balcón, la que siempre creí que estaba abandonada, hasta ese día...
La niebla comenzó a levantarse conforme aclaraba, estaba sentado en el pasto, con los brazos sobre las piernas y la cara entre las manos; al levantar la vista la vi por primera vez, sentada en una banca, muy cerca de donde yo estaba.
Lo que más llamaba la atención eran sus manos blanquísimas de dedos largos y finos, su cabello era rubio, lacio y le caía pesadamente a media espalda, su rostro de virgen era un prefecto ovalo con un ligero tono rosa, sus grandes ojos color aceituna estaban bien enmarcados por unas muy bien delineadas cejas café. Nunca antes una chica había llamado tanto mi atención y mucho menos me había puesto tan nervioso, pues como decía de broma Tenshy era yo todo un modelo playboy, me llamaba su top model, pero esa mañana la seguridad en mi mismo desapareció y me quede mudo.
Beatriz tenía la risa fácil, y un carácter fuerte, casi dominante; era orgullosa y altiva, se sabía bonita; delgada y casi tan alta como yo, su talle era estrecho y su busto voluptuoso. No obstante, lo que pese a ser bellísima, atrapo mi atención, fue su inteligencia. Su voz era clara y aterciopelada; esa mañana llevaba unos vaqueros y un suéter a gruesas rayas horizontales naranja, negro, verde.
Empezamos a platicar y me simpatizo enseguida; tenía un marcado acento norteño, pero como yo hablo el español con dificultad, terminamos comunicándonos en francés, idioma que Beatriz hablaba con facilidad.
Teníamos mil cosas en común, su hermano también era medico, ella cursaba su último año de carrera. Nos identificamos enseguida; al principio me sentí presionado, pues se ofreció a pasar mis notas y apuntes que grababa en el servicio, a maquina, pues entonces era yo muy torpe con la computadora, y más de una tarde la perdí poniéndome al corriente en mis notas; pero Beatriz era muy simpática, y cálida. Desde que Tenshy se fue, no había yo estado tan en confianza.
Beatriz vivía en la casa de junto, y curiosamente siempre decía “en esa que parece abandonada”; muchas veces me quede a dormir en su casa. A veces estudiábamos, otras nos divertíamos solo con platicar, criticar, escuchar música, comiendo pastelitos, chocolates, fresas y café sin parar, para jurar al otro día comenzar una “dieta”.
Tu me conoces mejor que nadie, y sabes que no me gusta hacer ejercicio, no sé como, pero Beatriz me convenció y todas las mañanas, a eso de las seis, incluso en vacaciones, salíamos a correr. Ella esperaba por mi sentada en la banqueta de la calle empedrada, siempre tomando una taza de café. Era muy activa, además jugaba tenis, y hacia veinte cosas más, yo solo corría, pues como te dije, no me gusta el deporte.
Cuando el trabajo disminuía, ahora me apegaba estrictamente al horario, iba a visitarla a su casa, y nos quedábamos ahí en interminables discusiones, navegando en la net; jamás estuvo mi mail tan lleno como en esa época.
En diciembre celebramos su cumpleaños, ella volvió a su tierra, y yo la pase más solo que nunca, extrañándola. Sin embargo en enero ya había vuelto, junto con los demás estudiantes al terminar las vacaciones de navidad. No sé como, pero sin darnos cuenta, nos hicimos novios.
Aprovechando un puente, fuimos a su tierra, nunca vi nada más bello: el mar junto al desierto y ella. Me tenía encantado; era algo mágico. Esa primavera nos comprometimos y le di un anillo con nuestras iniciales entrelazadas; que ella siempre llevaba puesto.
En mis últimos meses en Guanajuato no nos vimos todo el tiempo, yo debía terminar mi tesis, y el trabajo se incremento, pero nos veíamos en la mañana o en la tarde, para salir a correr y casi todos los fines de semana me quede en su casa.
Una noche, al terminar de correr, de regreso a casa entre las callejuelas, empecé a mirarla: jamás había amado a alguien tan intensamente, no obstante, ella parecía triste, usaba una playera amarilla de color muy tenue, estaba melancólica y nerviosa, no sé porque. Me dijo que estaba nerviosa, angustiada, le conteste que tal vez era por la próxima entrevista de trabajo que tendría, o quizá porque yo debía regresar a Paris para poner en orden mis papeles y poder volver a ella cuanto antes.
Al llegar a la puerta de su casa nos despedimos y cuando me iba, corrió tras de mi y pidiéndome que siempre la recordara y que me amaba.
Dos días más tarde volví a Francia, y todos los mails que le escribí los devolvía la maquina, lo mismo pasaba con las cartas, trate de llamarla pero sin éxito. Como no había forma de localizarla, llame a Angélica; literalmente la puse a buscar a Beatriz. Mi buena amiga Tenshy no paro hasta dar con ella....
Después de un trágico accidente Beatriz murió el 3 de agosto, volé a Guanajuato desolado, y ahí Tenshy me llevo a su tumba, en donde le deje flores.
De regreso en casa de Tenshy, me sentí desesperado, no podía ser cierto, que ella se hubiese ido, la casa no era la misma, nada era igual si faltaba. Al verme tan deprimido Tenshy me pidió que la acompañara, fuimos a la casa del vecino, ¿cómo era posible que viéndome en ese estado todavía me llevara a ver a los parientes de Beatriz? Pensé.
Al llegar el sobrino de Beatriz nos recibió, después del café nos llevo a su recamara; una habitación muy obscura en la que nunca antes había entrado; pidiendo que nos acercáramos a la luz de las veladoras nos dijo:
-Esto es todo lo que guardo de tía Beatriz, nos las tomamos cuando yo tenia 4 años- susurro y nos enseño un antiguo retrato, era ella, y llevaba en la mano el anillo que yo lo había dado y que tenia nuestras iniciales entrelazadas, pero ese hombre debía tener más de noventa años.
Entre en shock y a los dos días regrese a Francia, desde entonces jamasás he vuelto a Guanajuato y no sé si volveré alguna vez, la siempre amada Tenshy es quien lleva flores a la tumba de Beatriz, yo, yo solo tengo ahora su recuerdo... -.
Camille se levantó, jamás lo había visto llorar, puso la mano sobre mi hombro y me dejo solo en aquella amplísima estancia.
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